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Diagnostico y estadificación

Los tejidos neoplásicos tienen ciertas características que los diferencian de las alteraciones hiperplásicas o inflamatorias, otros aspectos permiten la diferenciación entre neoplasias benignas y malignas.

Aunque algunas veces un clínico experimentado puede suponer acerca de la probable naturaleza del tumor según su localización, aspecto macroscópico y antecedentes, el diagnostico definitivo sólo se puede alcanzar por medio de la evaluación microscópica de una muestra representativa de tejido o células del tumor. Esto se logra por medio de:

- Biopsia de tejido del tumor - diagnóstico histopatológico.
- Biopsia de células del tumor - diagnóstico citológico.


El tratamiento y el pronóstico para un individuo con cáncer dependerá de la naturaleza y la extensión de su enfermedad. Por lo tanto, para que un tratamiento sea exitoso, previo al mismo deben ser definidos el tipo histológico (y el grado), el tamaño y la extensión anatómica del tumor.
También es importante detectar posibles complicaciones hematológicas o metabólicas relacionadas con la enfermedad e investigar la presencia de una enfermedad concomitante, ya que todos estos factores pueden influir sobre la elección del tratamiento y el pronóstico, o incluso determinar si el paciente tiene posibilidad terapéutica.


Los objetivos de la evaluación inicial del paciente con cáncer en consecuencia se resumen de la siguiente forma:

Diagnóstico del tipo histológico y el grado de la enfermedad.
Determinación de la extensión o el estadio de la enfermedad.
Investigación de las complicaciones relacionadas con el tumor.
Investigación de cualquier enfermedad o alteración concomitante.


El diagnóstico del cáncer - ¿Qué es la histopatología?

El procedimiento más eficaz para el diagnóstico de un tumor es la inspección mediante el microscopio de una pequeña muestra (biopsia) extraída de él. Para lograr esto es necesario recorrer una serie de pasos que incluyen la obtención de la muestra, su tratamiento para prepararla para su examen microscópico y su examen por parte de un experto que formula el diagnóstico basándose en el principio de que cada tumor tiene un aspecto microscópico que le es propio.

Otro aspecto del estudio del cáncer y otras neoplasias, se refiere a cómo en la práctica veterinaria cotidiana se realiza el diagnóstico preciso de sus diferentes variedades tanto benignas como malignas.

Desde que se comenzó a utilizar el microscopio óptico en el estudio de las enfermedades, se comprobó que cada una de ellas muestra imágenes particulares que dependen del tipo de proceso que les dio origen.

En el caso de las neoplasias esto se expresa en que todas y cada una de ellas tienen una cara microscópica diferente aunque en ocasiones la diferencia sea sutil y pueda dar lugar a confusiones.

Con la excepción de las leucemias, que son una forma de cáncer que afecta a las células generadoras de los glóbulos blancos de la sangre (leucocitos) y cuyo diagnóstico se realiza en la mayoría de los casos por el examen al microscopio de la sangre y de la médula ósea, en el resto de las neoplasias la toma de una muestra de la zona afectada o del tumor sólido, es suficiente para su examen microscópico es el procedimiento de rutina para su diagnóstico. Este se ha ido perfeccionando y difundiendo en los últimos 150 años y constituye el método más barato, efectivo y rápido para el diagnóstico certero del cáncer. El método se denomina examen histopatológico y está fundamentado en el paradigma de que cada tipo de proliferación neoplásica, benigna o maligna, tiene una “cara” microscópica. Esto es una histopatología característica, que corresponde a una “especie” o tipo particular de enfermedad, y que permite diferenciarla del resto, reconocerla, estudiar su biología y diseñar un tratamiento específico para ella.

Durante el examen microscópico de las biopsias, las formas y colores se observan mediante la luz que la atraviesa. Esto permite observar la intimidad de los tejidos presuntamente neoplásicos. El microscopio óptico no accede a detalles a nivel molecular de la muestra. En consecuencia la intimidad accesible al microscopio no es la intimidad molecular sino la de la forma y la estructura de las células y los tejidos. Esto es lo que se designa como histología de las neoplasias.

Su imagen digitalizada puede ser observada por miles de expertos si se la transmite por Internet (actualmente esto se hace permanentemente con fines didácticos o de consulta).

Obtenida la muestra el siguiente paso es la aplicación del método histopatológico; esto es, la observación microscópica propiamente dicha. El análisis de la forma, tamaño y color de las células y los tejidos de las preparaciones microscópicas es llevado a cabo por los patólogos veterinarios. Dado que esta observación y el informe que de ella resulta son la base del diagnóstico final, los estudios deben ser realizados por expertos cuya formación lleva años. En cada caso la evaluación debe tener en cuenta al paciente en estudio (considerando entre otras variables la edad, el sexo, la localización de la lesión, los datos de laboratorio, datos de los estudios radiológicos o de imágenes, y la experiencia acumulada sobre el espectro de posibles lesiones en el área donde se desarrolló el tumor). Las distintas variedades de neoplasias benignas y malignas pueden, como ya se mencionó, ser sutilmente diferentes.

Para complicar aún más el asunto continuamente aparecen informes en las publicaciones periódicas especializadas, que relatan el reconocimiento de subvariedades de patrones histopatológicos que definen entidades características, que no deben confundirse como neoplasias malignas o benignas, es decir lesiones pseudomalignas o pseudobenignas. Esto exige una educación médica permanente, a la que contribuyen cursos y congresos.

Los errores de diagnóstico, que los hay, pueden dar lugar a problemas (para el animal y para el patólogo). Estas situaciones han llevado a que todo patólogo conozca la sarcástica frase “la preparación histológica nunca se equivoca”, que destaca que siempre el error surge en la evaluación subjetiva del observador.

Los patólogos veterinarios son los responsables del funcionamiento adecuado de los laboratorios donde se procesan las biopsias y del diagnóstico final que resulta del estudio de las mismas. Ese diagnóstico que se basa sobre la combinación de datos que deben ser lo más objetivos posibles y el saber medico del observador, los que son volcados en un informe histopatológico, que a su vez es interpretado por el medico clínico que trata a la mascota. La redacción utilizada para describir lo observado mediante el microscopio así como la interpretación final o diagnóstico, deben ser lo suficientemente claros como para ser comprendido por cualquier veterinario (lo que no es tan simple como parece). De ello dependerá la decisión que finalmente se tome acerca del tipo y oportunidad de los tratamientos que se apliquen.

La sencillez, rapidez y reproducibilidad del método histopatológico han conducido a su universal adopción. Su éxito, sin embargo, no ha dependido de esas características sino de su demostrada capacidad de responder en tiempo y forma a la demanda de rapidez, certeza diagnóstica y bajo costo.